Hablemos de hepatitis C

La hepatitis C es una enfermedad de transmisión sexual, que puede contagiarse también por vía sanguínea o a través de la placenta en el feto, por lo que todo el mundo debería conocerla.

En estos días en que tanto se habla de hepatitis C, conviene dejar claros algunos conceptos. Hasta 2011 se disponía de un tratamiento, consistente en la inyección semanal de un tratamiento llamado interferón pegilago, junto a 4-6 pastillas de ribavirina, consiguiendo curar a menos de la mitad de los infectados, a costa de efectos secundarios, en algunas ocasiones, muy graves.

A partir de 2011-2012, aparecieron los nuevos inhibidores de la proteasa de 1ª generación, como el boceprevir y el telaprevir, que, añadidos al anterior tratamiento, lograban una mayor eficacia, pero con un aumento de los efectos secundarios.

En 2014 ha salido al mercado una batería de tratamientos llamados inhibidores de la proteasa de 2ª generación e inhibidores de la polimerasa que, no solo consiguen unas tasas de respuesta muy altas, sino que lo hacen sin apenas efectos secundarios.

Los protocolos del Ministerio de Sanidad han ido cambiando desde la aprobación del simeprevir el 1 de agosto de 2014 hasta la del daclatasvir y sofosbuvir, que ha sido recientemente. El problema radica en que el protocolo queda restringido a pacientes con estado de fibrosis muy avanzada (cirrosis hepática descompensada). Por tanto, se quedan fuera de poder recibir el tratamiento libre de interferón la inmensa mayoría de pacientes infectados. ¿Deberían recibir el tratamiento pacientes en fases previas? Sí, sobre todo los pacientes con una fibrosis moderada-severa (F3-F4), por el riesgo que tienen de desarrollar un hepatocarcinoma. Además, cualquier persona infectada por el virus de la hepatitis C, desearía desprenderse de ese virus, más aun cuando existen tratamientos de corta duración, efectivos y sin eventos adversos. ¿Habría algún inconveniente en administrarlos si estos tratamientos fueran baratos? Obviamente, no. Ese es el problema del ministerio. En ese caso trataríamos a todo el mundo. ¿Es culpa de los laboratorios farmacéuticos? En parte sí, por los precios tan caros; en parte, no, porque son los que han investigado. Debe recordarse que la investigación médica es para curar, no para hacer dinero, pero es que los gobiernos no suelen financiar la investigación.

Sami Aoufi Rabih – Médico especialista en Hepatología – Presidente de la Asociación Española de Hígado y Riñón

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