Budapest: una ciudad inspiradora, evocadora y sorprendente

Una escapada de lujo, no muy lejos de España. 

budapest desde buda
Vista de Budapest desde Buda

Budapest destaca por su gran belleza y por ofrecer cultura, ocio y gastronomía para presupuestos ajustados. Una apuesta segura para una escapada de 3-5 días, con la posibilidad de combinarlo con visita a Viena o Praga si se dispone de más tiempo.

Una buena forma de tomar contacto con la ciudad recién llegado son los freetour, los españoles salen a las 14:30 de Deak Ferenc Ter y no es necesario reservar ni hay un precio estipulado, uno entrega lo que considere según la calidad del tour. Durante 2 horas se recorren algunos de los lugares más representativos de la ciudad, desde la preciosa Basílica de San Esteban, con la famosa reliquia del Santo, a la plaza de la libertad, con sus polémicos monumentos sobre la ocupación nazi y la etapa comunista, y numerosos edificios que han presenciado la difícil historia de esta ciudad. El tour concluye junto al impresionante Parlamento junto al Danubio, y de allí se puede pasear hasta Isla Margarita, el rincón mas verde de Budapest, donde deleitarse con el espectáculo de agua, música y luz que cada hora tiene lugar en la fuente principal y divertirse como niños en cochecitos a pedales con los que recorrer los jardines durante media hora por unos 4 euros.

budapest parlamento

De allí, paseando por la otra orilla del Danubio, merece la pena colocarse frente al Parlamento y hacerle unos bonitos retratos mientras se sonroja bajo el atardecer. Para reponer fuerzas está bien el Farm Café, un local muy acogedor en la recoleta Plaza de Batthyány Ter.

El Maverick Hostel City Lodge es una buena opción barata para alojarse, lugar moderno, limpio y cosmopolita que ofrece la ventaja de una cocina comunitaria donde, además de conocer a gente de todo el mundo, uno tiene todo lo necesario para prepararse comidas y desayunos en un ambiente muy agradable. Además, el Hostel organiza distintas actividades, como por ejemplo degustación de palinka, la bebida típica de la ciudad. También son muy típicos los llamados bares en ruinas, de los que destaca el Szimpla, gran edificio abandonado decorado con objetos de la calle y una cuidada iluminación que lo convierte en un lugar muy especial y con muchísimo ambiente, como no podía ser menos en una ciudad tan vibrante, colorida y sorprendente en lo que a ocio nocturno se refiere.

budapest barrio castillo

En nuestro segundo día dirigimos nuestros pasos hacia el Barrio del Castillo, actualmente reconvertido en el Museo de Arte y de Historia de la ciudad. Subimos en el teleférico, que no deja de ser gracioso, pero no merece la pena esperar la cola y pagar esa cantidad cuando autobuses como el 16 que salen de Deak Ferenc Ter suben también y de modo más eficaz y eficiente. Las fotos desde este lugar elevado de la ciudad son maravillosas y esta zona esconde joyas como el hospital en la roca, con plena actividad durante la II Guerra Mundial y actualmente visitable como museo, que recrea con todo lujo de detalles lo que allí se vivió, aderezado por las explicaciones del guía (solo se entra con guía una visita cada 30 minutos, conviene llevarse algo de abrigo). No entramos pero parece que también merece la pena el laberinto del Castillo, que continúa los túneles del hospital en los que fue necesario alojar a los heridos cuando este se encontraba sobrepasado. Visita obligada merece la Iglesia de San Matías con sus tejas de colores y la protección del Bastión de Los Pescadores, un lugar mágico con preciosas vistas de Pest al otro lado del Danubio. También por la noche subimos a este lugar, simplemente espectacular bajo la iluminación nocturna.

budapest barrio castillo iglesia san matías

El tercer día sucumbimos a los tópicos y acudimos al Balneario Schezeny, según dicen, uno de los mejores con los que cuenta esta ciudad de la que manan aguas curativas. Son muy agradables las piscinas exteriores donde los húngaros juegan al ajedrez a remojo junto al bonito edificio. Las instalaciones interiores ofrecen numerosas piscinas a diferentes temperaturas y saunas variadas. Se percibe el alto contenido en hierro y azufre de las aguas y uno intuye sus efectos beneficiosos, pero el ambiente resulta un poco cargado.

budapest baños schzenny
Balneario Schezeny

Encantados con el concepto freetour decidimos acudir a otro, en esta ocasión con otra empresa que sale a las 15.30 todos los días de Vorosmarty Utca. Antes de la hora pudimos pasear por esta parte de la ciudad, una de las más comerciales y con plazas y edificios preciosos y evocadores. El tour nos llevó a la Gran Sinagoga, cerrada por ser sábado; recorrimos el barrio judío y aprendimos muchas cosas sobre el holocausto y lo que sufrió este colectivo en esta ciudad pese a estar Hungría del lado alemán. La parte final fue similar a la del tour del primer día y pudimos conocer un poco más de la etapa comunista, terminando junto al Parlamento, desde donde nos dirigimos a la orilla del Danubio a ver el monumento de los zapatos en recuerdo a los hombres y mujeres asesinados junto al río. Tras una caminata y unas paradas de autobús llegamos a la emblemática Avenida Andrassy, que recorrimos hasta la grandiosa plaza de los héroes. De vuelta a casa por la Avenida Andrassy también pudimos ver la ópera.

La última cena en Budapest tenía que ser especial, asi que elegimos el restaurante Menza, cerca de la Avenida Andrassy, a la altura de Octogon, en la calle Listz Ferenc Ter, llena de terrazas y locales que rezuman glamour pero sorprenden por sus precios asequibles pese a la alta calidad, constituyendo la constatación de la merecida fama de la gastronomía del país. Es conveniente reservar, pues estas características hacen que sea complicado conseguir mesa. De hecho nosotros no lo logramos en el Comme Chez Soi, el mejor según las críticas de los viajeros en TripAdvisor, otra vez será.

Nuestra última mañana fue de lo más aprovechada, a primera hora a la Casa del Terror, Avda Andrassy 60. Fue sede de la policía política en la etapa comunista y atesora todo tipo de vestigios de las terribles etapas por las que ha pasado el país a lo largo de su historia. Podría decirse que este lugar es “historia viva”. A uno no le deja indiferente. Un paseíto por el barrio judío y llegamos a la Gran Sinagoga, con visitas guiadas en inglés y en español prácticamente cada 30 minutos. Un lugar espectacular, la sinagoga más grande de Europa. Se visita también el museo judío.

Última parada con visita guiada al interior del Parlamento. Es conveniente coger las entradas por internet y es una visita que merece muchísimo la pena. La fastuosidad de su interior es impactante y resulta curioso ver el cambio de guardia junto a la corona cada media hora, así como el espectacular hemiciclo.

budapest2

Nos queda pendiente para la próxima vez: subir a la ciudadela Gellerhert para ver atardecer sobre la ciudad; tomar algo en el A 38, el mejor bar del mundo en un barco de guerra; cenar en el Comme Chez Soi; coger el barco de transporte público que sale de la dársena del Parlamento y ver la ciudad desde el agua; visitar por dentro los museos de arte e historia, quizá también la Ópera y entrar en el laberinto del Castillo bien abrigaditos. ¿Alguien tiene opiniones sobre estas experiencias o alguna otra para recomendar en esta ciudad?

Nayara Panizo González

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