Violencia machista por doquier

Los incesantes asesinatos de mujeres a manos de sus parejas han levantado la lucha por la concienciación de la población sobre la violencia machista. Las primeras en manifestarse y enarbolar la bandera contra el maltrato son mujeres indignadas, que se preguntan por qué a otras como ellas les ha resultado tan difícil presentar una denuncia, por qué las instituciones públicas no ponen a su disposición más ayudas y por qué los hombres llegan a cometer estos crímenes.

corazones papá y mamáLa violencia machista se inicia en la vida de las mujeres muchos años antes. Es posible que ellas no recuerden su comienzo porque no han conocido otra forma de vida. Están acostumbradas a ser interrumpidas, ofendidas, desacreditadas, reprendidas, increpadas, debilitadas, despreciadas, amenazadas, chantajeadas, humilladas. Confunden tanto el bien y el mal que no saben establecer los límites entre ambos. Aprenden a remar en un mar inestable. Los cambios de humor, el tono de las conversaciones o el control sobre su persona no pueden ser responsables de su estado de ánimo si quieren sobrevivir.

El maltratador no tiene control sobre sus impulsos. No soporta perder la autoridad. La falta de freno en su comportamiento hace que este se vuelva crónico y adictivo, con gran facilidad de recaída conforme se establece y de difícil tratamiento por el profundo enraizamiento que adquiere en su persona. El hombre no conoce otro proceder. A veces no se lo han enseñado. En otros casos se lo han permitido. En ocasiones su personalidad le predispone.

Es difícil reconocer la violencia machista porque no nos han educado para ello, estamos acostumbrados a observarla y la vemos por todas partes.

Alguien pronuncia “¡Mujer tenía que ser!” al volante. Conduce el hombre cuando le acompaña su esposa. Se levanta o interrumpe cuando su compañera habla. ¿Te importa que te tutee? Le presentamos nuestro marido a nuestro jefe y este le explica lo eficiente que somos en el trabajo. Encontramos muchas desventajas en contratar a una recién casada. Nos dedicamos a criar a nuestros hijos mientras nuestros maridos trabajan. Hay profesiones que no son adecuadas para nosotras. Nuestra jefa debe demostrarnos que se merece el puesto. ¿Por qué la presentadora de las noticias lleva camisa de tirantes y falda corta? Siempre me pregunté si el presentador aguantaría el calor o ella se moriría de frío.

Si analizamos una conversación en un debate telebasura, nos daremos cuenta de que la sociedad actual desconoce elementos básicos como el turno de palabra o el respeto. Nuestros jóvenes observan continuas pérdidas de respeto que imitan en sus relaciones personales. No se respetan a sí mismos y no saben exigir respeto a los demás. No saben qué hay que pedir ni que hay que dar.

Tanto sufrimiento y efectos irreversibles puede producir una enfermedad y tan difícil es encontrar su tratamiento que nada puede igualar a su prevención. Hoy en día los colegios albergan clases con una veintena de alumnos, la mitad que hace treinta años, pero la violencia machista en los menores ha alcanzado sus cotas más altas. La intervención de los colegios, la reeducación en valores, la enseñanza del respeto hacia nosotros y los demás, la identificación de la transgresión… deberían constituir objetivos prioritarios de transmisión a todas las generaciones.

El asesinato es la punta del iceberg. No deberíamos aguantar una palabra más alta que la que podamos decir nosotras. Identifica. Reconoce. Y cambia. Luego es tarde.

Rebeca García Agudo

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