Señora Bescansa, déjese de tonterías

Ha sido muy grato ver que por fin se rompían los formalismos del Congreso de los Diputados. Todos hemos de reconocer que los nuevos diputados representan mejor a la sociedad actual, aunque el tiempo demostrará si están bien preparados y nos gustan más o menos que los clásicos. Tan malo es que nos obliguen a llevar traje como a no llevarlo, a usar maletín o mochila, a llevar rastas o a maquillarnos. Pensar que cualquiera de nosotros puede representar a un sector de la sociedad e inmiscuirse en un club que parecía cerrado ha constituido un gran avance como país democrático y liberal. Encontrar personas de otras razas y religiones puede que haya sido incluso más representativo por la aceptación de lo diferente, más allá de unas rastas y una coleta que se puede dejar uno alguna vez en la vida.juguetes y fonendoscopio

Le he dado algunas vueltas a la presencia del hijo de Carolina Bescansa en el Congreso después de oír diversos comentarios. Me causó absoluta indiferencia al principio; la maternidad no se inventó ayer. Escuché opiniones a favor, opiniones en contra. Luego pensé en cómo me organizaría yo si me trajera un día a mi hijo al hospital. ¡A uno o a los tres! Alguna vez me ha hecho falta, ha estado alguno enfermo y no he querido separarme de ellos. Otras veces en verano me habría gustado guiar a mi hijo en sus tareas de vacaciones; estos son sin duda los meses más duros porque ellos descansan tres y nosotros, solo uno. Imaginé la sonrisa que habría puesto el director de mi hospital de haberle hecho la pregunta. Sin embargo, no corresponde en mi caso a ningún director decidir si meto o no a mis hijos en el trabajo.

Me pregunto en qué trabajo encaja bien un hijo. En el hospital no nos sentamos en un teatro a escuchar qué dicen unos y otros y nos levantamos de vez en cuando a votar. En el hospital no podemos pasarle el niño al que se nos sienta al lado. Tenemos virus, bacterias y hongos. Tenemos tuberculosis, pero no cobramos un plus de contagiosidad. Estoy segura de que a los pacientes que atiendo les hubiera encantado ver a mis hijos. Pero tengo que revisar la historia entera del paciente antes de que entre en la consulta, estudiar sus análisis, hacerle una exploración física, ajustar sus fármacos, decidir qué pruebas le pido, buscar en el ordenador las que ya se ha hecho, explicarle cómo tomar los fármacos, informarle del estado de su salud y su evolución, hacerle las recetas, pensar cuándo le doy nueva cita, rellenar el volante para los próximos análisis, pedirle que se los saque cinco días antes para que sean recientes, contarle por qué debe hacérselos en el hospital, recordarle cómo se recoge la orina de veinticuatro horas… ¿Quién va a mirar al niño mientras? Si la mayoría de los días no me da tiempo a hacer un descanso para meterme algo en el estómago, ¿quién va a darle al niño de comer? ¿Qué vamos a hacer cuando el niño llore? ¿Preferirá el paciente que me centre en él o en mi hijo? ¿Le importará a la enfermera echarme una mano con el niño? ¿Trabajamos o criamos?

De eso se trata, señora Bescansa. Estaba usted deseando llegar al Congreso de los Diputados para actuar con seriedad en representación de los ciudadanos y me está demostrando que el trabajo de diputado no es serio. No cuando le permite cuidar de su hijo mientras está trabajando. Como ha visto, en otros trabajos no tenemos tiempo ni de mirarnos los pies. Me ha costado muchos, muchos años poder optar al puesto en el que me encuentro, cobro la mitad que usted de diputada y me atrevería a decir que tengo más responsabilidad. No voy a hablar del tiempo que usted dedica a la política porque pienso que es un trabajo sacrificado. Ser madre trabajadora siempre es sacrificado, pero nos hace mejores mujeres y mejores educadoras. Quizá la conciliación no esté en llevarnos el hijo al trabajo, sino de tener un horario reducido, una baja maternal más larga y unas vacaciones parecidas a las del calendario escolar. No puedo faltar a mi trabajo cuando mi hijo está enfermo, pues tendríamos que descitar con pocos minutos de antelación a una ristra de pacientes, que irían además a lista de espera. A muchos incluso los pillaríamos de camino al hospital. No aparece un médico sustituto en un hospital en unos minutos: no se le puede dar de alta en la seguridad social, no se le puede enseñar cómo funciona el sistema informático, no se le puede asignar un código para que recete, tiene que presentarse en el departamento de personal y entregar la documentación que le acredita como médico…

Las cosas no son tan fáciles. Estoy segura de que usted tenía buena intención, pero otros salimos de casa todos los días deseando tener media hora más para peinar a nuestra hija, darle el biberón al pequeño o preparar el almuerzo al mayor. Ser madre trabajadora es muy sufrido y no se arregla con amamantar en público.

Rebeca García Agudo

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