ENTREVISTA a una víctima de abuso sexual infantil

Podría caminar a nuestro lado sin que advirtiéramos que guarda recuerdos estremecedores sobre su infancia: fue víctima de abusos sexuales. Las estadísticas son pasmosas: uno de cada cinco niños lo es. 

La inocencia de un niño, que intenta pegar en el árbol la hoja que acaba de ver caer en otoño
Inocencia de un niño, que intenta volver a pegar la hoja recién caída de un árbol

Entra un paciente en la consulta médica. Es un hombre mayor que se describe como una persona feliz en compañía de sus hijos y nietos. Nada en él nos llama la atención. Él comparte lo mismo que algunos niños de primaria. Si nos asomamos a una clase de las de ahora, con 20 niños, se nos pondría la piel de gallina al mirarlos y saber que, por estadística, cuatro habrán sufrido, estarán sufriendo o sufrirán abusos sexuales por parte de adultos. Con esta entrevista esperamos que la experiencia de una víctima nos ayude a prevenir y tomar conciencia sobre esta realidad, de la que todavía no es fácil hablar en nuestra sociedad. A petición del entrevistado, se han ocultado datos que pudieran identificarlo. Por deseo del equipo de redacción, se han omitido detalles escabrosos o que pudieran herir la sensibilidad de los lectores por su extrema dureza.

Le agradecemos mucho que nos autorice a publicar esta entrevista. ¿Puede decirnos a qué edad fue víctima de abuso sexual? 

A los 14 años.

Cuando uno piensa en abuso sexual infantil, se imagina a un niño pequeño que no puede conceptualizar lo que le está pasando ni puede denunciarlo, ¿cómo empezó el abuso en su caso?

Salí a la pizarra a decir la lección. El profesor me situó junto a él, detrás de su mesa y, de pronto, empezó a tocarme por delante. Era cura y yo estaba muy avergonzado, me daba miedo que algún compañero viera que su mano me estaba tocando, así que me quedé paralizado.

¿No se le ocurrió contárselo a alguien?

En absoluto. No te atreves a contar estas cosas. Te sientes muy culpable por no haber hecho nada, por no haber sabido decir que no.

¿Cómo siguió viviendo con esa persona presente?

El profesor te defiende ante otros compañeros, te destaca, te da ciertos privilegios. Imagino que uno quiere ver algo positivo en lo que le ha pasado. Sin embargo, esa es una actitud equivocada porque, cuando el acosador ve que tú no has hecho nada, avanza. Un día me llevó al baño del colegio y allí me hizo “tocarle” y luego me “tocó” él a mí. Aquello se repitió tres veces. Luego pareció que se aburrió de mí y escogió a otro alumno para sus juegos.

¿Qué cree que puede ayudar a que un niño lo cuente?

Los padres pueden notar un cambio en el niño, en el comportamiento, en las notas. Yo creo que el niño no lo cuenta sino que son los padres o psicólogos expertos quienes se lo sacan, siempre que haya sido un tocamiento. Cuando es algo más, ya es muy difícil de contar.

¿No se le ocurrió hablarlo con otros alumnos afectados?

Todo lo contrario: huía de esos niños porque sabía que ellos conocían lo que me había pasado y temía que lo contaran. Es curioso cómo uno recuerda gratamente las elecciones que hace voluntariamente, sean acertadas o no, mientras que las elecciones no voluntarias crean una grieta en la vida y unos recuerdos de los que uno quiere deshacerse por todos los medios.

¿De qué manera ha influido esta experiencia en su vida?

Creo que aquello me creó un complejo. Tenía muchas dudas sobre mi heterosexualidad, sobre cómo iba a reaccionar ante mi primera relación con una mujer. De hecho, deseaba tenerla cuanto antes para cerciorarme de que era heterosexual. Después he tenido siempre dudas al respecto y eso me ha hecho tener experiencias homosexuales.

¿Cambiaron estos hechos su posición frente a la religión?

La verdad es que no. No dejé de confiar en los curas porque pensé que no todos eran así, aunque sí pensé que tenían esa necesidad sexual por su supuesto celibato.

¿Por qué años después no denunció el abuso?

Yo nunca he querido reconocer lo que me pasó. Siempre he intentado minimizarlo, he luchado para olvidarlo. Llegó un momento, a los treinta y tantos años, en que lo acepté. Para entonces ya tenía esposa e hijos. Desde entonces vivo más tranquilo.

¿Qué piensa de aquel profesor?

Ahora, al cabo de los años, me doy cuenta de que era un pederasta y de que debió destrozar muchas vidas porque iba de niño en niño. Siempre tenía un alumno del que abusaba.

¿Por qué nos ha concedido esta entrevista?

Para que la gente se dé cuenta de que el abuso infantil es más frecuente de lo que parece. Y también para que sepan que muchos nos callamos por vergüenza.

¿Qué recomendaría a las víctimas de abuso infantil, a sus padres o a sus tutores?

Yo les recomiendo a los padres que vigilen estrechamente a sus hijos, porque un proceso de estas características no es nada raro y puede ser decisivo en sus vidas.

¿Ha cambiado su experiencia la forma de educar a sus hijos?

Sí, en el sentido de prevenir el abuso sexual. Yo nunca me he fiado de nadie.

Rebeca García Agudo

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