Desensibilización en los alérgicos a las avispas

O picar a los alérgicos a las avispas de manera controlada en el hospital para evitar que mueran en el exterior por una picadura espontánea. 

avispas_alergología
Lola Moral, Estefanía Moreno, Carmen García, Marina García

Nos introducimos en el mundo de las alergias de la mano de la Dra. Estefanía Moreno, del Servicio de Alergología del Hospital La Mancha-Centro, en Alcázar de San Juan. La Dra. Moreno es experta en las alergias a himenópteros y nos va a enseñar cómo se comprueba la eficacia de la vacuna con veneno de avispas, que permite conseguir una inmunización en aquellos pacientes que tras picaduras espontáneas sufren anafilaxia, una reacción alérgica grave que puede comprometer su vida.

Una persona alérgica a las avispas puede morir asfixiada por una sola picadura. Esto es especialmente importante si, además, vive en una zona rodeada de naturaleza o, peor aún, si trabaja en el campo, porque tendrá que asumir un mayor riesgo de picadura.

La alergia a las avispas es más frecuente en los hombres que en las mujeres. No existen factores que aumenten la predisposición a tener esta alergia, salvo el ser atópico de base. La alta exposición ambiental supone un riesgo a la hora de la sensibilización al veneno de avispas.

Gracias a los servicios de alergología, los alérgicos a las avispas pueden someterse a una desensibilización, es decir, a un proceso por el que su alergia disminuye de intensidad, acostumbrando al cuerpo a tolerar sus venenos. La administración de esta vacuna, a diferencia de las vacuna de pólenes o ácaros, debe realizarse siempre en el hospital, una vez al mes durante dos o tres años. Se administran vacunas frente al veneno de véspidos (Polistes dominulus, Vespula), alcanzando la dosis máxima en 2 días. Este tratamiento se puede realizar a partir de los cinco años de edad. Con la repicadura controlada en el hospital, los médicos comprueban la eficacia de la vacuna.

avispas_boteEl Hospital La Mancha-Centro recibe avispas vivas enviadas desde Rabanales (Córdoba), donde un entomólogo las ha clasificado para que la repicadura en el paciente sea con el véspido al que la persona es alérgica y con la que tuvo la reacción. En las picaduras espontáneas (las que ocurren en el campo, parques…), el paciente no suele identificar el himenóptero resposable en la mayoría de las ocasiones.

Las alergólogas duermen a las avispas con un gas compuesto por dióxido de carbono, lo que les permite manipularlas: les cortan las patas y las alas y las meten en un tubo de ensayo para poder extraerlas con seguridad con unas pinzas cuando van a hacer la repicadura controlada.

Al día siguiente, en la sala de pruebas de alergia están los tubos esperando con las avispas en su interior. Cogen la avispa con cuidado y la colocan sobre el antebrazo del paciente, sí, ¡para que le pique! Y no una vez, sino durante 30 segundos en cada brazo, para conseguir 2 o 3 picaduras, lo que constituye 0,5 ml de veneno. El hombre aguanta el dolor. Es una picadura controlada que demuestra que las defensas se han acostumbrado al veneno y no reaccionan de manera desorbitada cuando la picadura se produce al aire libre.

Queremos dar las gracias a todo el equipo del Servicio de Alergología del Hospital La Mancha-Centro, así como a los pacientes que nos han enseñado este tratamiento que hace mejor y más segura la vida de las personas.

Rebeca García Agudo


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