Cuidador de hospital

El médico aconseja operar a un familiar. Los nervios nos rondan hasta que ese día llega, hasta el punto de desear que el día llegue finalmente, que todo se resuelva y veamos a nuestro familiar recuperado.

Cuando fijan la fecha de la intervención, la inquietud se apodera de nosotros, el paso del tiempo es lento, no hay día en que no se hable de la dichosa operación. Nos damos cuenta de que habría sido preferible que nos avisaran de un día para otro, así no habríamos tenido tiempo de pensar en el dolor o en las complicaciones que padeceremos. Todo se vive en familia. Sin embargo, pasa a quirófano el paciente solo. Los minutos en que espera hasta que es anestesiado se hacen insufribles. Parece que el pánico nos invade. Nos sentimos abandonados. Nadie nos da conversación. Hace frío. Todo es gris o verde, metálico, lúgubre, impersonal. ¡Si al menos hubiera hilo musical! Pero el silencio de sótano nos ahoga. Ver a alguien pasar nos infunde vida. Se nos acercan y comprobamos el voraz efecto calmante de un simple tacto. Sigue leyendo “Cuidador de hospital”